Ante el Ébola, médico, no héroe
Ramiro confiesa que le temblaron las piernas al recibir la noticia de que se iría al África remota a desafiar a un virus que mataba diariamente a cientos de personas. Sin embargo, ya en plena batalla, sobre la base del prestigio y la consagración, fue designado como jefe del grupo.
Durante la contienda salvadora se portó como ese oficial que, ante los disparos enemigos, saca y mete la cabeza desde su trinchera. Que tiembla y se enfurece, pero poco a poco ve cómo el contrario cae rendido a los pies de su pelotón infranqueable.