Un cubano en el cosmo
Alcanzar el título de hombre martiano es su gran expectativa, así lo ha expresado en las páginas preliminares de este libro, donde menciona dos exigencias que ya ha logrado. Ahora, con Un cubano en el cosmos se propone el último y, quizás, el más difícil requisito: escribir para las generaciones actuales y futuras sus vivencias como cubano y cosmonauta. Si lo logra —no su publicación, porque en el momento de esta lectura usted tendrá un ejemplar en sus manos—, sino… si logra viajar con él, incluso a Guantánamo durante su infancia y se indigna cuando el marine yanqui rehusó pagarle la limpieza de los zapatos; si asciende cinco veces el pico Turquino hermanado con otros; si participa en la reforestación de Mícara, en Oriente, y de Mantua, acá en Pinar del Río; si de todas, todas, sube con él a un MIG 17, 19 o 21 para velar que nadie ose manchar nuestro cielo; si acompañado de él y Romanenko llega hasta la Saliut 6, allá en el cosmos, donde Popov y Riumin los esperaban; y si de vuelta a la patria, logra vivir emociones indescriptibles hasta sentir como si un guante le apretara su garganta, no hay dudas de que el cosmonauta cubano ha escrito el libro del cual hablara el Apóstol.